top of page

Retraso voluntario ¿Por qué procrastinamos?

  • 24 mar
  • 2 min de lectura

El retraso voluntario, o procrastinación, no siempre tiene una sola causa. Entender por qué procrastinamos puede ayudarnos a reconocer qué está pasando realmente y empezar a movernos desde ahí.



Retraso voluntario ¿Por qué procrastinamos?


Retraso voluntario ¿Por qué procrastinamos?

Procrastinar es humano


Todas las personas lo hacemos en algún momento.

Aplazar algo.

Darle vueltas.

Decir “ya lo haré”.


Eso no es un problema por sí solo.

El problema aparece cuando ese momento se alarga.


Cuando se acumulan cosas.

Cuando lo importante se pospone.

Cuando lo urgente se evita.


Ahí es donde empieza a pesar.


No siempre procrastinamos por lo mismo

No siempre procrastinamos por lo mismo.


Saturación: demasiadas opciones


Demasiadas ideas.

Demasiadas opciones.


Todo parece posible.

Y cuando todo está abierto…elegir se vuelve difícil.


Escasez: falta de confianza


No es que haya mucho.

Es que se siente poco.


Poca claridad.

Poca confianza.

Poca validación interna.


Y aparecen pensamientos:

“No va a salir bien.”

“Mejor no intentarlo.”


De hecho, investigaciones de la Universidad de Granada y otros centros de salud mental han observado que la procrastinación suele ir acompañada de ansiedad, estrés y malestar emocional.


A veces no estás evitando la tarea…estás evitando lo que sientes al hacerla.


Pereza y energía: cuando el cuerpo influye


A veces es más simple.

Menos energía.

Menos motivación.

Lo que solemos llamar pereza.


No como defecto.

Como funcionamiento.


Tu mente no elige lo más importante.

Elige lo que cuesta menos.


Motivación: lo que necesitas para empezar


Para empezar algo, tu mente necesita tres cosas:

Sentido.

Confianza.

Y una emoción que lo sostenga.


Si no le ves sentido… no empiezas.

Si no crees que puedes… no empiezas.

Si te genera malestar… lo pospones.


Cuando una de esas falla…la acción se frena.


Organización: cuando falta estructura


A veces no es solo lo que sientes ni cómo está tu energía.


A veces es simplemente que no sabes por dónde empezar.

Tareas abiertas.

Tiempo poco claro.

Sin una estructura que te guíe.


A veces no falta ganas…falta estructura.

Y cuando no hay orden…también aparece el bloqueo.


Distintos caminos, mismo resultado


Saturación.

Escasez.

Baja activación.

Falta de motivación.

Y, a veces, falta de estructura.


Distintos caminos.

Mismo resultado:

No empiezas.


En el fondo, cuando hablamos de retardo voluntario,

no estamos hablando de una sola cosa.


Estamos hablando de distintas formas de evitar, posponer o no empezar.


Verlo cambia todo


Si procrastinas, es importante verlo.


Nombrarlo.

Reconocerlo.


Porque solo desde ahí puedes empezar a moverte.


No necesitas hacerlo perfecto.

A veces necesitas algo más simple: empezar.


Entender por qué procrastinamos no elimina el problema de golpe.

Pero sí cambia la forma en la que te relacionas con él.


Esto es de esas cosas que nadie te explica…

y entenderlo, puede cambiarte la vida.


¿Te lo guardas para recordarlo…

o lo compartes con alguien?


Guárdalo o compártelo.

Porque cuando te escuchas, la vida se calma.

Abrazo consciente.

Comentarios


Ya no es posible comentar esta entrada. Contacta al propietario del sitio para obtener más información.

Si quieres recibir nuevas reflexiones cuando se publiquen, puedes hacerlo aquí.

Sin ruido. Solo cuando tengamos algo que compartir.

bottom of page
FacebookInstagramYouTube