top of page

¿Quién está eligiendo tus máscaras?

  • hace 4 días
  • 5 min de lectura


El piloto automático también puede disfrazarse de confianza.




Hace un tiempo hablamos de las máscaras.

De cómo todos mostramos versiones diferentes de nosotros mismos

según el contexto.


La máscara del responsable.

La del fuerte.

La del amable.

La del que siempre puede con todo.

La del que nunca necesita ayuda.


Y vimos algo importante:

No somos una única máscara.


Tenemos muchas. Una colección.

La pregunta nunca fue si las usamos o no.


La pregunta era:

¿Cuál estamos eligiendo ponernos?

Hoy vamos un paso más allá.


Porque existe una pregunta todavía más incómoda:

¿Y si muchas de las máscaras que usamos cada día no las estuviéramos eligiendo conscientemente?

¿Y si algunas estuvieran siendo elegidas por el piloto automático?


El piloto automático más difícil de detectar


Cuando hablamos de piloto automático solemos pensar en hábitos.


Mirar el móvil sin darnos cuenta.

Responder impulsivamente.

Volver a hacer algo que prometimos no repetir...


Pero existe un piloto automático mucho más silencioso.


Uno que no dirige solo nuestras acciones.

También dirige la forma en que nos vemos a nosotros mismos.

"Soy tímido."

"Soy fuerte."

"Soy responsable."

"Soy un desastre."

"Soy especial."

"Soy mejor que los demás."...


Al principio parecen simples descripciones.

Pero cuando las repetimos durante años ocurre algo curioso.


Dejan de sentirse como opiniones.

Empiezan a sentirse como hechos.


Y ahí aparece uno de los automatismos más difíciles de detectar.

No el pensamiento en si.

Pero la identificación con el pensamiento.


La historia que nuestro cerebro empieza a creer: Psicología narrativa


La psicología narrativa lleva décadas estudiando algo fascinante:

Los seres humanos no solo acumulamos recuerdos.

También construimos historias sobre quiénes somos.


No recordamos únicamente lo que nos ocurrió.

Creamos explicaciones sobre lo que significan esas experiencias.


Poco a poco esas explicaciones forman una narrativa personal.

Una historia que nos ayuda a responder una pregunta fundamental:

¿Quién soy?

José Ignacio Blanco Illari, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina, explica en su estudio Aspectos narrativos de la identidad personal que las personas construimos nuestra identidad a través de narrativas que dan coherencia a nuestra experiencia.


Dicho de otro modo:

No vivimos únicamente los hechos.


Vivimos también el significado que les damos.

Imaginemos a dos personas que fracasan en un proyecto.


La primera piensa:

"Este proyecto salió mal."

La segunda piensa:

"Yo soy una persona que fracasa."

La experiencia es parecida.

La historia que construyen no.


Y esa diferencia puede influir en decisiones futuras durante años.


El problema no es el pensamiento, es cuando se

convierte en identidad


Todos tenemos pensamientos.

Miles de ellos cada día.


La mayoría aparecen y desaparecen.

Pero algunos permanecen.


Y cuando se repiten durante mucho tiempo pueden transformarse en lo que la psicología denomina creencias de identidad.


Es decir:

Ideas sobre quiénes somos que dejamos de cuestionar.

Ya no pensamos:

"Estoy teniendo un pensamiento de inseguridad."

Pensamos:

"Soy inseguro."

Ya no pensamos:

"Hoy me cuesta hablar."

Pensamos:

"Soy tímido."

Ya no pensamos:

"He cometido un error."

Pensamos:

"Soy un fracaso."

Y cuando una interpretación se convierte en identidad, deja de sentirse como una opinión.

Empieza a sentirse como una verdad.


¿Por qué cuesta tanto cambiar los

pensamientos limitantes?


Muchas personas buscan cómo cambiar pensamientos limitantes.

Y tiene sentido.


Porque todos hemos experimentado frases internas como:

  • No soy capaz.

  • Nunca lo conseguiré.

  • Siempre hago todo mal.

  • No estoy preparado.

  • No valgo suficiente.


Pero la psicología muestra que los pensamientos rara vez aparecen aislados.

Suelen formar parte de historias más amplias sobre quiénes creemos ser.


La investigadora Luciana Bontempo e Silva, autora de un trabajo publicado en la revista científica colombiana Diversitas: Perspectivas en Psicología, describe la identidad como un proceso dinámico que se construye y reconstruye continuamente a través de nuestras experiencias y relaciones.


Por eso modificar un pensamiento concreto puede resultar tan difícil.

No porque falte inteligencia.

No porque falte voluntad.


Sino porque cuestionarlo implica revisar una parte de nuestra identidad.

Y eso genera resistencia.


Si una persona lleva veinte años repitiéndose:

"Yo siempre dejo todo para última hora."

su cerebro tenderá a interpretar la procrastinación como algo coherente con su historia personal.

Si alguien se define como:

"La persona que siempre cuida de los demás."

puede experimentar culpa cuando intenta priorizarse.

Y es aquí donde muchas veces aparece lo que popularmente

llamamos autoboicot.


No porque la persona quiera perjudicarse.

Sino porque sigue actuando de forma coherente con una historia que

aprendió hace años.


Más allá de la inseguridad: el personaje de la superioridad


Cuando hablamos de creencias limitantes solemos imaginar a alguien inseguro.

Alguien que duda.

Alguien que se hace pequeño.

Alguien que evita exponerse.


Pero los automatismos de identidad no siempre aparecen en

forma de inferioridad.

A veces aparecen en forma de superioridad.

"No necesito ayuda."
"Yo sé más que los demás."
"Siempre tengo razón."
"Los demás son el problema."
"Nadie puede enseñarme nada."

Desde fuera puede parecer confianza.

Pero algunos estudios sobre narcisismo, autoestima y autoconcepto,

muestran algo interesante:


Investigadores de la revista científica colombiana Diversitas: Perspectivas en Psicología describen cómo determinadas formas de grandiosidad pueden funcionar como mecanismos de protección del autoconcepto cuando este se percibe amenazado.


Esto no significa que toda persona segura sea narcisista.

La realidad humana es mucho más compleja.


Sin embargo, sí nos recuerda algo importante:


El piloto automático puede construir personajes tanto de

inferioridad como de superioridad.


Por eso la consciencia no consiste únicamente en observar cuándo nos hacemos pequeños.


También implica observar cuándo necesitamos demostrar constantemente que somos grandes.


La persona que piensa:

"No valgo suficiente."

y la persona que necesita demostrar continuamente:

"Valgo más que los demás."

pueden parecer opuestas.


Pero ambas pueden estar reaccionando desde identidades rígidas:


Una busca seguridad desapareciendo.

La otra intenta encontrarla sobresaliendo.


Una pide permiso.

La otra intenta imponer.


Una se cuestiona constantemente.

La otra evita cuestionarse.


Pero ambas siguen dependiendo de una historia automática sobre quiénes creen que son.


Y cuando una identidad necesita defenderse continuamente,

deja de ser libertad.


Se convierte en otro piloto automático.


Cuando el piloto automático elige la

máscara por nosotros


Quizá aquí es donde este artículo y el anterior se encuentran.


Porque el problema no es tener máscaras.

Todos las tenemos.


El problema aparece cuando dejamos de elegirlas.

Cuando la máscara del fuerte se convierte en obligación.


Cuando la máscara del responsable no nos deja descansar.

Cuando la máscara del que siempre ayuda nos impide poner límites.


Cuando la máscara del que siempre tiene razón nos impide aprender.


Al principio utilizamos una máscara.

Con el tiempo la máscara empieza a utilizarnos a nosotros.


Y entonces dejamos de responder a lo que la situación necesita.

Respondemos a lo que nuestra historia nos obliga a representar.


La pregunta incómoda


Quizá el problema no sea que tengamos pensamientos automáticos.

Eso nos ocurre a todos.


La pregunta importante es otra:

¿Cuántas de las cosas que llamamos personalidad son realmente nuestras?
¿Y cuántas son historias que llevamos tanto tiempo repitiendo que hemos acabado confundiéndolas con quienes somos?

Porque existe una diferencia enorme entre:

"Tengo este pensamiento."

y

"Esto soy yo."

La consciencia empieza precisamente ahí.


En observar nuestras historias internas antes de obedecerlas.

En recordar que una interpretación no es una sentencia.


Y que una etiqueta repetida durante años no necesariamente

describe todo lo que somos.


Quizá nunca podamos quitarnos todas las máscaras.

Y quizá ni siquiera sea necesario.


La verdadera pregunta es otra:

¿Las estamos eligiendo nosotros...
o las está eligiendo el piloto automático?

Gracias por estar aquí.


Si esta reflexión ha resonado contigo, guárdala con cariño y compártela con alguien que pueda necesitarla.


Y si quieres seguir explorando cómo funcionan los pensamientos y comportamientos automáticos que influyen en nuestra vida diaria, puedes unirte a nuestra comunidad.


Porque cuando te escuchas, la vida se calma.

Abrazo consciente.

 
 
 

Comentarios


Ya no es posible comentar esta entrada. Contacta al propietario del sitio para obtener más información.

Si quieres recibir nuevas reflexiones cuando se publiquen, puedes hacerlo aquí.

Sin ruido. Solo cuando tengamos algo que compartir.

bottom of page
FacebookInstagramYouTube